Sobre el matrimonio

Vida.

“Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro.”

Khalil Gibran

Extracto de El Profeta

Lu&Fu

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Muerte

Vida.

“Almitra, entonces, habló, diciendo: Os preguntaríamos ahora sobre la Muerte.

Y él respondió:

Desearíais saber el secreto de la muerte.

¿Pero cómo lo encontraréis a menos de buscarlo en el corazón de la vida?

El búho, cuyos ojos atados a la noche son ciegos en el día, no puede descubrir el misterio de la luz.

Si, en verdad, queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón en el cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar son uno también.

Háblanos del amor

Poesía

“Porque así como el amor os corona, os crucifica.
Así como os hace crecer, también os poda.
Así como se eleva hasta vuestras copas y acaricia
vuestras más frágiles ramas que tiemblan al sol, también
penetrará hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra.

El Loco.

Vida.

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

-Miren! ¡Es un loco!

Los siete yo.

Vida.

En la hora silenciosa de la noche, a medida que me quedo medio dormido, mis siete yo se sientan juntos y así conversan entre susurros:

Primer yo: Aquí, en este loco, he morado todos estos años, sin otro quehacer distinto de renovar su pena de día y recrear su dolor de noche. No puedo sobrellevar mi destino por más tiempo, y ahora debo rebelarme.

Segundo yo: Lo tuyo es mejor que lo mío, hermano, ya que se me ha hecho ser el yo gozoso de este loco. Yo río sus risas y canto sus horas felices, y con pies tres veces alados bailo sus más brillantes pensamientos. Soy yo quien debería rebelarse contra mi cansada existencia.

El Profeta.

Vida.

“Y otros, entre vosotros, me han llamado sin palabras, diciendo: Extranjero, extranjero, amante de cumbres inalcanzables, ¿Por qué vives entre las cimas, donde las águilas hacen sus nidos?

¿Por qué buscas lo imposible?

¿Qué tormentas quieres atrapar en tu red?

¿Y qué vaporosos pájaros cazas en el cielo?

Ven y sé uno de nosotros.