Muerte

“Almitra, entonces, habló, diciendo: Os preguntaríamos ahora sobre la Muerte.

Y él respondió:

Desearíais saber el secreto de la muerte.

¿Pero cómo lo encontraréis a menos de buscarlo en el corazón de la vida?

El búho, cuyos ojos atados a la noche son ciegos en el día, no puede descubrir el misterio de la luz.

Si, en verdad, queréis contemplar el espíritu de la muerte, abrid de par en par vuestro corazón en el cuerpo de la vida. Porque la vida y la muerte son una, así como el río y el mar son uno también. Seguir leyendo “Muerte”

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Háblanos del amor

“Porque así como el amor os corona, os crucifica.
Así como os hace crecer, también os poda.
Así como se eleva hasta vuestras copas y acaricia
vuestras más frágiles ramas que tiemblan al sol, también
penetrará hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra. Seguir leyendo “Háblanos del amor”

El Loco.

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

-Miren! ¡Es un loco! Seguir leyendo “El Loco.”

Los siete yo.

En la hora silenciosa de la noche, a medida que me quedo medio dormido, mis siete yo se sientan juntos y así conversan entre susurros:

Primer yo: Aquí, en este loco, he morado todos estos años, sin otro quehacer distinto de renovar su pena de día y recrear su dolor de noche. No puedo sobrellevar mi destino por más tiempo, y ahora debo rebelarme.

Segundo yo: Lo tuyo es mejor que lo mío, hermano, ya que se me ha hecho ser el yo gozoso de este loco. Yo río sus risas y canto sus horas felices, y con pies tres veces alados bailo sus más brillantes pensamientos. Soy yo quien debería rebelarse contra mi cansada existencia.

Seguir leyendo “Los siete yo.”